11 de junio de 2015

Las otras islas (reseña)


Análisis: esta antología está integrada por nueve cuentos que abordan uno de los episodios más dolorosos de la historia argentina reciente: la Guerra de Malvinas.
Con motivo del trigésimo aniversario del conflicto bélico, Alfaguara presenta esta selección de relatos de prestigiosos autores argentinos que abordan desde diferentes perspectivas los hechos. El volumen se abre con un epígrafe de Jorge Luis Borges que pertenece a “Juan López y John Ward” (Los conjurados, 1985), donde el autor universaliza el tema de la guerra, como una lucha siempre fratricida, a partir de una referencia bíblica: la historia de Caín y Abel.
A continuación, Edgardo Esteban, como ex combatiente y periodista, se ocupa en las “Palabras Preliminares” de realizar un repaso de los setenta y tres días que duró el conflicto, revisa el período de la posguerra y reflexiona sobre la actitud de la sociedad frente a los sobrevivientes y a la dictadura militar de aquellos años, al tiempo que plantea la necesidad de justicia y memoria para evitar que en el futuro los jóvenes continúen siendo víctimas de semejantes desatinos.
Dado que los autores que participan de esta antología eran adolescentes o muy jóvenes durante aquel invierno de 1982, es posible reconocer en buena parte de las ficciones cierta impronta autobiográfica que refuerza el verosímil realista al recuperar modas, costumbres, usos del lenguaje y consumos culturales propios de esa generación.
Gran parte de los textos giran en torno a la evocación (“La Guerra de las Malvinas” de Patricia Suárez) y, por lo mismo, a la primera persona. Los personajes, predominantemente jóvenes, ya sea que se trate de soldados (“Clase 63” de Pablo De Santis) o, con más frecuencia, ocasionales testigos (“La penitencia” de Marcelo Birmajer) de aquellos días, dan cuenta de cómo la vida cotidiana se vio profundamente alterada por un conflicto en el que la sociedad se expresó, al menos en principio, con más euforia que criterio de realidad. Luego, sobrevendría la derrota (“No dejes que una bomba dañe el clavel de la bandeja” de Esteban Valentino), el dolor por los que nunca regresaron (“Las otras islas” de Inés Garland) o por los que, volviendo, jamás serían los mismos (“El alimento del futuro” de Pablo Ramos).
Esta selección se completa con “El puente de arena” de Liliana Bodoc, texto que se destaca por su prosa poética y una salida superadora que anula las diferencias entre ganadores y vencidos; “Memorandum Almazán” de Juan Forn que trabaja sobre el lenguaje y sus implicancias y, con una perspectiva singular, Eduardo Sacheri, en “Me van a tener que disculpar” plantea la venganza simbólica que representó el gol de Maradona frente a los ingleses durante el mundial de fútbol de 1986.
Sin dudas, estas narraciones recuperan para los jóvenes de hoy un clima de época que invita a la reflexión sobre aquella guerra que, amparada en legítimas razones, se convirtió en una aventura militar que cercenó una generación de argentinos y dejó heridas que aun no han terminado de cicatrizar.
Inés en su libro aún cuando su intención no es hablar de política vuelve sobre sus trece años transcurridos en una isla, en la que ella vivía, época en la cual se mudan cerca de su casa un inglés y su hija Caroline. Sus grandes amigos Yagu y Tatú junto a ella se convirtieron en sus grandes compañeros con los cuales realizó toda clase de aventuras. Logrando de esa forma fortalecer ese vínculo en forma muy especial.
Tatú incansable amante de la naturaleza tiene por costumbre llamar “hermanitos” a todo lo que lo rodea, inclusive a los peces que atrapa y les quita el anzuelo de sus bocas con toda ternura sin lastimarlos, para devolverlos luego al río.
Los comentarios de la familia de Inés se concentran en la permanente compañía que se brindan Yagu y Caroline, mientras que ella comparte mas tiempo con Tatú. Así transcurre el tiempo entre juegos y aprendizajes de la naturaleza y de la vida en la isla.
La tranquilidad no es permanente, les llegan avisos por medio de la lancha colectiva de que nuestro país entraría en guerra con Inglaterra, por el tema de la ocupación inglesa de las Islas Malvinas. Incluso se llegó a advertir a las isleños a que no encendieran las luces por temor a un bombardeo.
A poco tiempo Yagu y Tatú quienes estaban cumpliendo el servicio militar obligatorio tuvieron que viajar al Sur para combatir, dejándolos a todos con la preocupación y angustia que es de suponer.
Terminada la guerra del modo que se conoce tanto Yagu como Tatú tardaban en volver, preocupando esta situación a todas las familias. Las noticias tardaban en llegar y se rumoreaba que los conscriptos estaban demorados porque debían firmar cierto papel mediante el cual se comprometían a no divulgar lo sucedido en las Islas.
Tiempo después llegó Yagu con problemas de una herida en una pierna y con un humor que no dejaba ninguna duda de su tristeza y enojo. A pesar de los requerimientos de Inés para saber de lo ocurrido con Tatú, una tarde lo encontró a Yagu muy triste en y le suplicó y lloró insistiendo en saber la verdad. Yagu con palabras entre cortadas le contó que Tatú con sus piernas heladas no podía moverse, hecho que motivo finalmente su muerte en combate. Inés desolada por la noticia lloró durante mucho tiempo.
Poco antes de la llegada de Yagu, Caroline había regresado a Inglaterra con su padre, hecho que puso en su conocimiento, lo cual aumentó su enorme pena. Luego de un tiempo la casa de los ingleses fue adquirida por una familia alemana e Inés al igual que Tatú a unos de los hijos le enseñó a pescar y a llamar a los peces “mis hermanitos”.
“Decía cosas como ahora te devuelvo al agua, no tenga miedo, fue sólo un susto, ya pasó. Y bajaba los
escalones del muelle, se acuclillaba, metía el pescado en el agua y lo movía para atrás y para delante unas veces para que le entre el agüita en el cuerpo, nos enseñaba, y soltaba el pez, que se alejaba con un coletazo de libertad”.
“Era verdad que yo era una romántica, pero también era verdad que veía los hilos que unen a las personas”.
“Se me ocurre que fue cualquiera de los días en que nosotros nos íbamos con el barco a la desembocadura del canal”.
“Los militares que gobernaban el país decidieron hacer un desembarco en las islas Malvinas para demostrar que eran nuestras. Y los ingleses nos declararon la guerra. Así de rápido. Y a Yagu y a Tatú los mandaron a las islas a pelear contras los ingleses”.
“Empezó a hablar del frío que hacía en las islas, más frío del que yo hubiera tenido en toda mi vida, dijo. Llovía durante días y días. Y soplaba un viento helado y ellos estaban en un pozo, sentados espalda contra espalda y dormían ahí, con los pies en el agua helada. A Tatú se le helaron los pies”.
“Las otras Islas”
En la isla del Delta, vivía una chica romántica de trece años de edad que conocía a dos chicos llamados Tatú y Yagu; y a una chica llamada Caroline. A estos últimos dos les pareció que se gustaban por la forma de mirarse, aunque su amiga era muy seca, como todos los ingleses, supuestamente eso era lo que decía su papá. Luego había llegado un inglés  que para la mayoría, incluyendo a ella y a su mamá no era antipático.
” Quería ser grande y quería saber cómo era vivir un gran amor”.
Tatú, les había enseñado a ellos a encarnar las lombrices para que no se salieran del anzuelo, y les mostró cómo se hacía para sacarles el anzuelo de la boca a los pescados sin lastimarlos, ya que los trataba con mucha delicadeza.
“A todos los animales los llamaba < mis hermanitos >. También a nosotros nos llamaba sus hermanitos”.
Él tenía un orden que otras personas no tenía, daba seguridad, y hasta ella le contaba todo en ese verano que se conocieron, ya que estaba muy enamorada de Tatú. Yagu y Caroline pasaban mucho tiempo juntos, mientras que ella hablaba sobre diferentes temas con su amor.
En febrero, sus amigos se tuvieron que ir a Buenos Aires a hacer la colimba, por eso se habían venido de  Corrientes. Ellas estaban muy aburridas y en abril, empezó la Guerra de las Malvinas. La Argentina desembarcó allí e Inglaterra se preparó para dar batalla. Yagu y Tatú les tocó ir allá.
En la ciudad tuvieron que apagar todos las luces por si atacaba Gran Bretaña, cosa que no sucedió. En un domingo ella y su amiga le hicieron cartas a sus dos amigos y a soldados que no conocían. Caroline le escribió a Yagu que se iba a volver con su papá a Inglaterra.
El 14 de junio de ese mismo año había terminado la guerra. Cuando Yagu volvió, parecía muy distinto al que conocía antes. El hermano de ella le dijo que Caroline se había ido. Le preguntó por Tatú pero no le respondía. Luego se enteró de que todo lo que habían mandado no les habían llegado nada.
En el segundo domingo habló con su amigo y le contó como la pasaron en las Islas Malvinas. Después de tanto él le dijo que Tatú había fallecido.
“A lo mejor no se dio cuenta cuando se murió”.
Ellos dos se pusieron muy mal y mientras lloraban se abrazaban.
” Me abracé a las piernas de Yagu[…] Quería golpearme la cabeza contra sus rodillas. Lastimarme. Desaparecer[…] Yo me estaba ahogando con mi propio llanto”.
En navidad, unos alemanes le compraron la casa al  papá de Caroline. Tenían dos chicos y una beba.   A uno de ellos le enseño a pescar y a decirle que eran sus “hermanitos”, mientras que se acordaba de su gran amor Tatú.
(por Gmiranday, tomado de: https://unlarcatedras.wordpress.com/2014/02/13/analisis-de-las-otras-islas/)

Las otras islas Esteban, Edgardo - compilador- Buenos Aires. Editorial Alfaguara. Serie Roja. 2012 Las otras islas es una antología que nuclea cuentos de variados autores argentinos que tematizan la Guerra de Malvinas. Pertenece a la Serie Roja de Editorial Alfaguara, que tiene como destinatarios a los adolescentes. Esto no es un dato menor, ya que estamos frente a un texto que incursiona en la narrativa histórica y permite a los jóvenes lectores tomar contacto con este hecho histórico y- crucial en nuestra Historia- desde otro punto de vista, desde la voz de la ficción. M.Birmajer, L. Bodoc, P. De Santis, J. Forn, I. Garland, E. Sacheri, P. Suárez y E. Valentino. Todos autores de calidad que proponen textos que no se apartan de esta cualidad y siguen los lineamientos de sus poéticas. Cada historia aborda diferentes aspectos de la guerra, de los que pelearon en ella, de los que se quedaron, de la vida después … y a la manera de un caleidoscopio van permitiéndole a lector tener una visión total de un período histórico de nuestro país. “La penitencia” de M. Birmajer, inicia la antología, con un texto que tematiza la vida de una familia que espera-y desespera- la vuelta del hijo mayor. L. Bodoc en “El puente de arena” narra con un discurso poblado de imágenes sugerentes- como es su estilo- el encuentro entre dos soldados: uno inglés y uno argentino. Dos opuestos que terminan encontrándose a través de “Un magnífico puente de arena que unió dos castillos y a dos hombres a orillas de la guerra”. “Clase 63” de Pablo De Santis narra en primera persona la experiencia de un adolescente-“colimba”- que peleó en la guerra y del triste final de uno de sus amigos. Pero su discurso cuidado y bien logrado evita el sentimentalismo y los golpes bajos. “Memorándum Almazán” de Juan Forn aborda la guerra desde un lugar muy original: la visión chilena. Es decir, la primera persona protagonista cuenta lo que sucede en la embajada argentina en Chile luego de la guerra. Texto que mantiene en vilo al lector a través de la intriga. “Las otras islas” de Inés Garland y “No dejes que una bomba dañe el clavel de la bandeja” de E. Valentino cuentan historias de amor interrumpidas por la guerra. Relatos en los cuales el trabajo con el lenguaje fascina al lector en el mismo grado en que lo conmueve, ya que las situaciones descriptas pueden aunarse por la crueldad que las caracteriza. Ambas narran la vida interrumpida de dos combatientes, que antes de soldados, eran jóvenes que terminaban la adolescencia y a los cuales, la vida les quedó truncada por lo sucedido. El texto de Garland narrado por una niña de doce años, que descubre las maravillas del amor y el compañerismo de la mano de un vecino correntino que llegó al Tigre, antes de irse a “hacer la colimba”. “El alimento del futuro” de Pablo Ramos, “Me van a tener que disculpar” de Eduardo Sacheri y “La Guerra de las Malvinas” de Patricia Suárez completan esta bien lograda antología.

(reseña de Soledad Vitali)

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