16 de enero de 2012

Juan Bautista Alberdi - Impresiones en una visita al Paraná


Yo no sé si este sentimiento es común, pero nunca he podido pararme en las orillas de un río, sin sentirme poseído de no sé qué ternura vaga, mezclada de esperanzas, recuerdos, memorias confusas y dulces. He tenido envidia de preguntar a las aguas que pasaban de qué regiones procedían y a dónde iban. Las he visto pasar con envidia, porque yo amo todo movimiento. Me ha parecido que iban a otros climas más felices. Las playas de los ríos han sido siempre una musa, un germen de inspiraciones para mi alma, como para los estados un manantial de progresos. Y yo reconozco en este instinto algo de justo. Estas agua s que he visto pasar llevan un destino grande, van a engrosar el vehículo poderoso de la libertad y de la sociabilidad humanitaria: el océano. El océano es la unidad, el progreso, la vida misma del espíritu humano. Sin este lazo divino no fuera un solo y mismo hombre que vive siempre y progresa continuamente. Agotar los mares fuera sumir las naciones en la servidumbre y la barbarie. La libertad moderna de la Europa, es natural de una isla. La libertad como los cisnes y las musas ama las orillas de las aguas. Si las antiguas musas habitaron los bosques, las musas del día buscan los ríos y los mares. Hijas de la libertad y del progreso, aman la cuna de sus padres.

Un poeta americano ha hecho bien en pintar las facciones del desierto. Estas pinturas a más de un interés de curiosidad, reúnen el interés social. Aunque el desierto, no es nuestro más pingüe patrimonio, por él sin embargo, debe algún día, como hoy en Norte América, derramarse la civilización que rebosa en las costas. El arte triunfará de nuestros desiertos mediterráneos, pero antes y después de la venida del arte, las costas del Paraná y del Plata serán la silla y el manantial de la poesía nacional...

Aunque el arte actual no sea la expresión ideal de la vida social, la profecía del porvenir, él no podrá profetizar un porvenir inmenso a la sociedad americana, sin darle un teatro adecuado, y este teatro no podrá ser otro que el borde de nuestros opulentos ríos. El egoísmo humano ha dicho Río de la Plata, queriendo decir: río de la libertad, de la prosperidad, de la vida. El Río de la Plata es hijo de dos ríos de poesía y de gracia, como para dar a entender, que la libertad y la opulencia de los pueblos son hijos de las musas. Es a la faz de estas aguas famosas, en las márgenes del Paraná, donde yo escribo estas impresiones, que sus encantos producen en mi alma. He venido en busca de mi vida que sentía aniquilarse, como la voz humana en el silencio del desierto. El desierto es como nuestra vida, como nuestra voz, y si nos deja, la vida nos lleva el contento. La música es una revelatriz sincera de los secretos del alma, y para sondear el estado íntimo de los habitantes de nuestros campos solitarios, basta fijarse en el acento de sus melodías: son llantos de peregrinación y de soledad. Me he sentido renacer de un golpe a la vista celestial del Paraná. Lo he visto por la primera vez en una tarde apacible; se levantaba, la luna, no como un objeto del cielo, sino como parte de las aguas, como flor luminosa que volaba a los cielos. Dejé caer una sonrisa involuntaria: la extrema belleza infunde un sonreír inefable. Me quedé repitiendo: ¡Qué gracia! ¡Qué belleza! ¡Qué majestad! Me acordé al momento de Lamartine, de Chateaubriand, de Didier, de todos los grandes pintores de la naturaleza. Si se viesen donde yo me veo, mudo de admiración me decía, qué Paraná no veríamos manar de sus plumas.

Aquellos bosques que nuestros campos echan de menos, y que los ojos buscan en vano a la vista de llanuras inmensas, han venido a colocarse en medio de las aguas. Bosques encantados, jardines flotantes, paisajes que la poesía no habría columbrado en sus sueños divinos.

Entre tanto estos sitios duermen aún en brazos de un poético misterio. Este teatro espléndido, obra inédita del Creador está sin duda destinado al porve nir del mundo: los siglos de oro duermen bajo estas olas argentinas; siglos nunca vistos, piden lugares no conocidos como los peces de oro, que parten en silencio las ondas diáfanas, así las masas infantes del Paraná, ríen, juguetean y saltan con un cuidadoso silencio, como si temiesen comprometer el porvenir del mundo, revelando prematuramente, el teatro en que debe desplegarse un día.

Aturde mis oídos el torrente estrepitoso de buques de vapor que suben y bajan la inmensa riqueza de nuestra industria. Confunde mis ojos la infinidad de banderas amigas que pululan sobre nuestras aguas. Yo admiro, en fin, la vida, la actividad, la abundancia, derramarse con profusión maravillosa, con una observancia inconcebible. Me imagino una atmósfera nueva, un mundo desconocido, leyes, instituciones, ideas, formas que hoy sólo viven en las especulaciones honradas del genio; oigo hablar del siglo XIX como hoy de la Edad Media, oigo hablar de la Europa actual, esta Asia moderna, como hoy del Oriente y de la Asia primitiva. Y todavía oigo la voz infatigable de la filosofía, que profetiza y concibe tiempos y mundos más avanzados y perfectos todavía.

(fuente: Juan Bautista Alberdi, Viajes y descripciones [1810-1884] – Buenos Aires, Jackson, 1949)


13 de enero de 2012

Artistas del MAT expondrán en Uruguay

 
 Se trata de Brenda Hoffman y Carola Rousso, dos de las artistas que expusieron en el espacio de fotografías del Museo de Arte Tigre; y cuyos trabajos estarán presentes en el país vecino durante la temporada de verano.   

En marco de las Gallery Nights de Punta del Este y La Barra, auspiciado por Arte al Día, diversas obras de Brenda Hoffman y Carola Rousso, que presentaron sus trabajos en el Museo de Arte Tigre, serán expuestas en el espacio “Sendas del diseño”. 

La exhibición se presentará el próximo viernes 20 de enero y es organizada por Roberto Riverti, quien contó con la colaboración de la Directora del MAT, Diana Saiegh.
Las obras de Brenda Hoffman formaron parte de la muestra “El Tigre tras la bruma” y consisten en un conjunto de imágenes en blanco y negro donde la artista retrata un Delta misterioso e intrigante, de paisajes que por momentos rozan la abstracción. Por su parte, Carola Rousso, quien también estuvo presente en los salones del MAT durante el 2011 con su muestra “Miss Paraná”, presentará su serie de fotografías de polaroid intervenidas pictóricamente.

Asimismo, en diferentes fechas a partir del 6 de enero, el público podrá disfrutar de obras de otros artistas de la talla de Res, Juan Travnik, Tamara Burlando, Denise Giovanell, Jade Ribeiro y Gastón Ugalde, entre otros.
La galería “Sendas del diseño” está ubicada en Altos de Punta Piedras, Ruta 10, km 166 y Calle 6, Punta del Este, Uruguay. 

 
Para más información: http:/www.espaciofotoarte.com / espaciofotoarte@gmail.com

7 de enero de 2012

La tierra sin mal - Profetismo tupí-guaraní en el origen del Delta


Dice Liborio Justo en el prólogo a la primera edición de El Carapachay de Sarmiento que "para la época de la llegada de los españoles, las islas estaban habitadas por indios guaraníes que habían descendido a lo largo del curso de Paraná en busca del paraíso terrestre, la "tierra sin mal", la cual, según sus leyendas, se encontraba hacia el lado del océano" (Buenos Aires, Eudebea-Municipio de Tigre, pp. 19-20). 
 Exploremos entonces la idea rectora que trajo a los primeros habitantes de nuestras islas...
Las fuentes históricas -escritas por españoles, criollos o mestizos- y los aportes de la antropología actual, permiten que podamos asomarnos a la mentalidad de un pueblo cuya vida estaba completamente orientada hacia el mas allá. Apenas llegados a la etapa agrícola y todavía seminómades, no habían desarrollado artes ni técnicas: ni escultura, ni pintura ni arquitectura. Exceptuando los notables trabajos hechos con plumas para sus ceremonias, sus técnicas no pasaban del trenzado de canastos, una alfarería funcional y algunos tejidos. El genio de la raza estaba volcado en la lengua y en la religión.
La lengua les posibilitó expresar su capacidad para producir belleza y arte en cánticos y oraciones, mitos y leyendas. La religión penetraba la vida social y nutría todos los comportamientos: políticos culturales y hasta económicos, ya que la búsqueda de la Tierra sin Mal implicaba también búsqueda de tierras no holladas para la caza y el cultivo. En teoría, la Yvy Mara He’y no era inaccesible a los vivos. Aunque se la reconocía como morada de los antepasados, algunos privilegiados podían llegar hasta allí sin pasar por la prueba de la muerte.
Esta esperanza era la que alentaba las grandes migraciones al ser convocados por algún profeta o Karaí. El era quien recibía los mensajes de los dioses y podía "hablar extensamente en medio de todo lo que se levanta sobre la tierra". Sus "bellas palabras", inspiradas por "los que viven encima de nosotros", cargadas de elocuencia, los impulsaban a seguir avanzando en las interminables marchas en busca de la Tierra sin Mal.
(...)
Lo original de la religión tupí-guaraní es identificar el concepto alma con el concepto palabra y todo lo que esto implica en cuanto a la valoración del lenguaje como medio de comunicación con lo sobrenatural y con el propio perfeccionamiento. Idea central en los textos rescatados por etnólogos y antropólogos, es demostrar que la función primordial del lenguaje formado de "bellas palabras", es la comunicación con los dioses, "los situados encima de nosotros". El vocablo ñe’e designa al mismo tiempo a la voz, la palabra y el alma, es decir, lo que en el hombre es divino e imperecedero. La muerte es la pérdida de la palabra. y las "bellas palabras" -ñe’e porä- son el equivalente de la sabiduría y la santidad. Es por eso que Ñamandú el Primero crea a sus tres hijos Karaí, Jakaira y Tupa y a sus mujeres:
(...)
El vocablo teko’asignifica "modo de vida" o cosmovisión guaraní. El objetivo de vida del ava, del hombre guaraní es lograr el teko mara he’y, es decir la vida sin tacha que sólo podrá llegar a su culminación en la Tierra sin Mal. La danza y el canto rituales son las formas mas importantes para lograr la purificación necesaria que precisa la vida sin tacha.
En su sistema de valores, la relación con los "otros" es abierta y acogedora en tanto no se los perciba como una amenaza hacia sus formas de vida. Los extraños pueden llegar a convertirse en tovayá, algo semejante a pariente: "No te burles de tus semejantes, míralos con sencillez, recíbelos con hospitalidad" dice un himno de los mbayá recogido por tradición oral.
(...)
En general, la mitología tupí-guaraní no difiere mucho de la de los pueblos amazónicos: el culto al jaguar y el mito de los gemelos -el sol como héroe cultural inventor del fuego y de otros dones y la luna, su hermano menor, especie de demonio burlón- por ejemplo, son relatos muy arcaicos y están presentes en casi todas las mitologías americanas. Ruiz de Montoya es uno de los primeros en mencionar el mito del jaguar y los gemelos en La conquista espiritual, escrita en 1636:
"Tenían por muy cierta doctrina que en el cielo hay un tigre muy grande el cual, en ciertos momentos de enojo se comía la luna y el sol, que son los que llamamos eclipses. Y cuando esto sucedía, mostraban sentimiento y admiración."
Otro rasgo de la mitología guaraní, presente en casi todas las etnias y culturas de América son ciertas características animistas presentes en los llamados "dueños" del mundo animal y vegetal y la vigencia constante de la naturaleza en los mitos y en la vida. Frente a la cosmovisión intelectual de Europa, América ofrece su propia cosmovisión donde las fuerzas de la naturaleza, juegan un rol fundamental, como sucede en casi todas las culturas pre-alfabetas.
De allí la participación activa de los animales y las plantas en todos los mitos tupí-guaraníes sobre la creación: antes de haber concebido siquiera la morada terrenal ni el firmamento, el Colibrí era quien alimentaba a Ñamandú, el dios creador en la mitología Mbyá, y entre los Pai Taviterá el Abuelo Grande Primigenio, creador de todas las cosas, se amamantaba con las flores del Jasuká. La leyenda de la creación y juicio final de los Apopokuva trae también infinitos ejemplos de la identificación entre dioses con animales y de la participación del mundo animal y vegetal en los tiempos míticos, de la cual son resabios las narraciones, fábulas y cuentos que los tienen por protagonistas.
A veces son una presencia amenazante: los murciélagos, reyes de las tinieblas, y el Tigre Azul están en constante acecho sobre el mundo creado por Nuestro Padre Grande, mientras Tupá al moverse por el cielo, truena y relampaguea. Añá cumple un papel semejante al del demonio y multitud de seres sobrenaturales pululan por la selva, como el Kurupí, que proteje a los animales, castigando al cazador que mata solo por deporte y al que corta un árbol sin necesidad.
(...)
Extracto de "El mundo tupi guarani en vísperas de la conquista" de Lucía Galvez
CDROM "Etnohistoria" editado por NAyA

5 de enero de 2012

La casa de Sarmiento en el Delta


         Mucho antes de adquirir su casa de Buenos Aires, Sarmiento compró una isla en el Delta de Paraná, construyó en ella una casa de madera y armó allí su refugio bucólico. El cuyano nacido entre montañas, amó los ríos de llanura y la selva: "Desde mi llegada a Buenos Aires he buscado en las islas del Paraná un pedazo de tierra adonde retirarme un día como he vivido en mi pobre provincia, a la sombra de los árboles, cultivando plantas y aspirando el ambiente embalsamado de la vegetación y de las flores".

         Pero no era sólo un romanticismo naturalista el que impulsaba a Sarmiento. Mucho antes de llegar a Buenos Aires, el mapa del Delta le hacía pensar en el Nilo y en su fecundidad. Su interés por el Delta venía desde ese entonces. En 1818, cuando Francisco Javier Muñiz relevó la zona por encargo de Juan Martín de Pueyrredón, todo estaba aún en estado salvaje. También Juan María Gutiérrez se interesó por la región. Pero fue Marcos Sastre "el primer hombre culto que aplicó el raciocinio a la realidad y vio en las islas terrenos adaptables a la industria", según escribe Sarmiento. Perseguido por Rosas, Sastre se radicó en San Fernando y desde allí incursionó reiteradamente por el Delta, publicando, a partir de 1844 sus descripciones del vergel. En 1858, Marcos Sastre publicó "El Tempe Argentino", libro que tuvo gran difusión.

         Tres años antes, en 1855, Sarmiento compraba su isla enclavada en el paisaje celebrado por el antiguo mecenas de la "Joven Argentina", Si Marcos Sastre imaginó el Delta, fue Sarmiento quien lo civilizó. En el prólogo del "Tempe", cuenta Magariños Cervantes que el Delta apareció de un modo novelesco. Pocos imitaron a Marcos Sastre pero, cuando Sarmiento tomó partido por el Delta, "todo el mundo quiso entrar adquiriendo un pedazo de aquella tierra de promisión" y "antes de dos años estaban ocupadas todas las islas del Delta en una extensión de diez leguas".

         Sarmiento organizó un viaje de exploración para incitar al poblamiento del Delta: Bartolomé Mitre y Carlos Enrique Pellegrini lo acompañaron en la aventura; más de quinientas personas siguieron sus sugerencias. El Delta se transformó en una zona productiva, agrícola e industrial. Casi como un símbolo de su fe en el Delta, Sarmiento introdujo el mimbre, que aún hoy es el material de las artesanías regionales.

         En 1856 tomó posesión de su isla disparando al aire simbólicos tiros de carabina, como un conquistador. Inmediatamente, rindiendo homenaje a sus mejores recuerdos italianos, la bautizó con el nombre de "Prócida" , como una isla situada frente a Nápoles. Del mismo modo, al puentecito que construyó en la isla, lo bautizó "Rialto", como el de Venecia. María del Carmen Magaz y María Beatriz Arévalo han estudiado "la casa de Sarmiento en el Delta", en un artículo publicado en Ambas Américas, en septiembre de 1993. Mucho antes, José Benjamín Zubiaur, en 1917 y Raúl Silva Montaner, en 1966, brindaron también información sobre la casa.

         El edificio es una pequeña construcción de madera, como un "chalet", de planta en forma de cruz griega y techo de tejas en fuerte pendiente. La planta baja era libre y la planta alta, única destinada a la habitación, apenas tenía tres ambientes. Las paredes, construidas con tablas prefabricadas, dispuestas en forma vertical, nos dan la idea de que se trata de una arquitectura mucho más elaborada de lo que a simple vista puede imaginarse.

         Y esta afirmación se puede probar aludiendo a un artículo de Sarmiento fechado en 1885 y titulado "Arquitectura y paisajes isleños". En él, Sarmiento, treinta años después de comprar su isla, sigue bregando por el progreso del Delta, y sigue insistiendo en la lógica de las casas de madera. "Ni piedra ni ladrillo" -escribe- (...) el fronterizo norteamericano se construye para echar el primer cimiento de las que luego serán florecientes ciudades, un log-house, que era un cuadro de vigas superpuestas, caladas con el hacha por mitad en las esquinas, de manera de formar en línea y sin intersticios". En el Delta, el sauce sería el material de construcción ideal. "La innovación introducida en las islas es la casita de madera", "la arquitectura norteamericana". En vez de columnas corintias, Sarmiento prefería en el Delta las cabañas madereras. "Son aquellas, muestras de un progreso norteamericano que deseáramos ver introducido en nuestro país".

         En el sueño sarmientino, el Delta del Paraná sería tan valioso como el Nilo para Egipto, las islas formarían como una Venecia para la cultura, pero en un ambiente de una naturaleza propia del realismo mágico americano, y los habitantes, "pioneers" de un "far west" ubicado a las puertas de Buenos Aires y acercado por el Ferrocarril a San Fernando, tendrían sus casitas de madera según la lógica norteamericana y no según los lujos ornamentales del eclecticismo europeo.

         Durante años, Sarmiento y Dominguito frecuentaron la casa del Delta. Muerto Sarmiento, en 1895 Carlos Delcasse adquirió la propiedad, que luego donó a una institución de bien público, que, a su vez, la donó al Consejo Nacional de Educación. En 1966, a propuesta del Consejo, presidido por la Profesora Luz Vieira Méndez, un Decreto del Presidente Illia, declaró a la Casa de Sarmiento en el Delta, como Monumento Histórico Nacional. Hoy se la ve aún en pié, a pesar de sus achaques. Se parece al resto de las casas madereras del Delta. Todas ellas vinieron después: son un legado arquitectónico de Sarmiento.

(fuente: Gustavo Brandariz, "Sarmiento en sus casas", extraído de http://www.poeticas.com.ar/Directorio/Poetas_miembros/Domingo_Faustino_Sarmiento.html)