8 de octubre de 2016

Fedra Spinelli - Delta (Fragmento)


Pasaba mucho tiempo en el muelle, mirando el agua. Incluso si llovía suave se instalaba en la punta, observando, sintiendo, dejando que los poros se adivinen en la humedad. Veía las gotas de arriba penetrar la masa de agua de abajo. Veía la forma blanda, sumisa, en que la lluvia se funde para entrar al cuerpo del río. Como las gotas se disuelven a sí mismas cuando lo tocan.
Morir en el contacto para entrar en otra forma de vida. Algo debía desaparecer si se quería la unión, algo del sí mismo, genuino, debía renunciarse si quería ser parte de ese todo. O voluntad o simple destino de agua, o una de sus tantas mutaciones. Todas estas cosas son ciertas.
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La segunda vez que fue a la isla llegó más tarde. Era casi de noche. Ya muy entrada la hora crepuscular. Esta vez tuvo que remar, el río estaba inquieto, había viento. Cada intento de remo era fallido. El bote siempre estaba en el mismo lugar. Desplegó toda la fuerza de la que disponía, se ubicó en posición recta, en el extremo, tal como la técnica decía. Agregó su espíritu de aventura, su adrenalina y algo de confianza. Pero el río le cerraba el paso, la dejaba inmóvil, el viento la burlaba. Se frenaba y dejaba de remar, la fuerza la arrastraba hacia otra dirección contraria a la casa. Ahora todo era noche, noche arriba y noche abajo, una masa que golpeaba el bote y sacudía. Estaba sola en medio de eso, fuerza contra fuerza.
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La corriente arrastra objetos, los manipula, los moldea, los transporta, los pasea. Ella decide esos destinos de cementerio para hojas, ramas, botellas, restos de casa o embarcaciones, cosas que la gente abandona.
Ella pensó que hay dos tipos de objetos, los que flotan y los que se hunden. Mientras ve el agua discurrir, crecer, subir la costa y avanzar a tierra. Masa duplicada (aumentada) de agua por la lluvia. Mientras observa el brillo sinuoso de esa danza que hace el río. Intenta hacer una lista de lo que queda en la superficie, lo liviano; y lo que se sumerge, lo que pesa. Trata de descubrir si lo que flota está vivo y lo que se hunde muerto. Pero no puede, no le sirve ese pensamiento. Le preocupa no poder saber qué tipo de cosa es ella. Si se va a ir al fondo o va a rodar a la deriva. Pero ve que el fondo también es una deriva, que si se hunde está viva, que el peso de algo se define en la corriente.
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En esta historia también hay fragmentos que se hunden y otros que flotan. Y no puedo decir si algunos están más vivos que otros. Si se hunden porque están muertos o porque pesan y van al centro, al fondo. ¿Nos alivian? ¿Nos sumergen? Leer es viajar a la deriva. Estar a merced del río. Es convertirse en objeto de arrastre.
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El viento sacude todo lo que se pone a su paso. El bote, las ropas, las ramas, los cabellos, los papeles. Se desata con una especie de furiosa alegría, fustiga desbocado a la mujer que lo desafía en el muelle. Y él se enamora de esa terquedad, de esa torpeza.
La mujer mira la violencia de la tempestad. Ve los gigantes, oscuros erectos y danzantes, imagina un ejército de verdes primitivos, antiquísimos, resistiendo tormentas y truenos por siglos, por millones de años. Los ve vivos, los ve bellos. Las hojas como melenas en vuelo, erguido bosque.

[FUENTE: https://revistacarapachay.com/2016/08/12/delta-fragmento-por-fedra-spinelli/]
[Foto: Santiago Fisher http://imagenesdeltigre.blogspot.com.ar/2012/03/equivalencias-vi.html]

6 de octubre de 2016

Jeremías Wolf - Alas sin amor (flyer, descripcion y audio con entrevista)

Jeremías Wolf. Escritor del Delta. Publicó un libro de cuentos, un poemario (“Poesía desde el río”) y su última obra, Alas sin Amor, que la ha presentado recientemente en el Delta.
Jeremías comparte su pasión por las letras junto con su compromiso social hacia su lugar en el mundo, el Delta. Es en su programa radial – La “colectiva” del Delta – donde encuentra el camino para ponerle voz a los pensamientos y emociones generados desde el mundo isleño. Puño y letra, voz y radio, senderos de expresión que transita de manera incansable.
Sus historias son de Tigre y su Delta y sus personajes transitan el amor y los desencuentros en viajes que van por tierra, agua y aire, y en los que la imaginación no impide una preocupación por una naturaleza, “dueña de los días”, que reprocha y consuela a la vez. Hay en Wolf una sutil mirada ecológica que contrasta con la violencia de la ciudad.
Los relatos del autor son íntimos, cálidos, “almacenando los pedazos de la historia que nos fueran quedando”. Wolf se mete con su mirada romántica en el alma del isleño mientras por el espejo ve “la estela de agua abrirse como un abanico”. Su vital escritura recorre el tiempo, una de sus preocupaciones recurrentes, y nos sacude con historias de seducción, engaños y sorpresas. Su mirada esperanzada y melancólica a la vez, sensual y utópica, por momentos se vuelve erótica y popular. La mujer es una pregunta y las relaciones familiares tan importantes como la soledad.
Para Wolf la isla es mágica. La enfermedad y la muerte acechan pero nunca perdemos la verde libertad en su amado río. Si un amor muere, la ternura permanece en la casa de su escritura. Sus relatos precisamente parecen haber sido escritos para no extraviarse “entre madejas de civilidad”, textos de aprendizaje y mano extendida, de memorias recuperadas en “el rojo de los cuentos” resistiendo frente a la ceniza gris. Wolf nos revela su búsqueda, su hallazgo, y nos recuerda la existencia de un manto protector del desborde urbano: el Delta, sinónimo de lo pantanoso esencial que ama y que contrasta con la casquivana ciudad.
Daniel Scarfo. Sociólogo. Doctor en Letras
[FUENTE: http://www.sanfernandonuestro.com.ar/wp/agua-de-amor-por-jeremias-wolf/]


3 de octubre de 2016

Cófreces y Muñoz, OCTUBRE



La inercia primaveral extiende su beatífica iluminación, como una santa que difumina por su espalda el cilicio doloroso. Se ven pájaros alborotados de rama en rama. Las golondrinas recién llegadas replican con su vuelo de flecha y su cola de tijera abierta a 45°. Hay leve brisa y temperatura que agrada a las bogas que se acercan a los muelles en busca de grano y aceite de máquina. La candidez es el mejor termostato de la época, afloran la claridad y el el brillo de las especies. Los mosquitos comienzan su dulce espera y el atroz desenlace ante los sapos. La maravilla templada azuza con su falda a las chatas cargadas de palos y canastos con frutas y cabezas de diversa especie. Puede que llueva y que también refresque. Puede que el tiempo esté loco y puede que todo ocurra como si tal cosa sobre esa noble tibieza eléctrica.

[FUENTE: Cófreces y Muñoz, Tigre, Buenos Aires, Ediciones en Danza, p. 395]
[foto: Santiago Fisher: http://imagenesdeltigre.blogspot.com.ar/2012/11/amarillo.html]